NADA MUERE CONTRA LOS ARRECIFES DEL ALMA

27 octubre 2006

EL SOLILOQUIO EN LOS DEBATES SOBRE LA ENSEÑANZA


En los debates monólogo de los hombres sinónimos que ansían el poder en esta tierra asoma la triste evidencia con una espantosa y amenazante claridad: unos creen que lo más importante es que las familias puedan escoger la escuela en la que quieren que sus hijos e hijas se formen para los adverbios. Esta posibilidad de elección no tiene otro objetivo que el que los padres puedan evitar que sus hijos se mezclen con los negros, con los moros, y toda esa gentuza de mal vivir. Qué hermoso sería elegir por proyectos educativos elaborados a partir de que en las escuelas el nivel de su alumnado fuese el que los profesores desean. A otros les preocupa el trilingüismo cuando no encontramos tres niños en todo el territorio de Catalunya que sepa escribir su lengua. Aprenderán a decir en cuatro lenguas o más “no tengo ni puta idea”. Los más avispados prometen regalar libros porque entienden que a los pobres padres no les ha sobrado del presupuesto después de comprarles unas zapatillas de deporte de doscientos euros y abonar la correspondiente cuota del móvil. Los últimos han elucubrado crear mas aulas d’acollida, que es como implantar cabañas de cura urgente para los que vienen en patera, donde reparten mantas para que soporten el frío que les espera en las deprimentes aulas de las escuelas. En definitiva, estos hombre predicado, que ya ni siquiera sujetos, ofrecen dinero para acabar con el fracaso escolar que ya asumen tan evidente como una de las plagas enviadas por su dios y no como consecuencia de su deplorable gestión; fruto de la limitada capacidad de pensamiento que los deshabita abonados a una cuota triste de mediocridad irremediable
La incultura ha absorbido el pensamiento de estos predicadores que aún no saben que el sonido difícilmente se transmite a través del agua, y la enseñanza y los que nos dedicamos a ella nos hallamos a ciento de miles de metros de profundidad, entre amasijos de hierros porque la demencia, como el óxido de la carcoma, ha devorado ley a ley, un barco que no saben reflotar, y les importa un pimiento.
En medio de este desaguisado, los sindicatos, como mercaderes del templo, han aprendido a ser apóstoles del padre que les sustenta la farsa con la que despojaron de su semántica a la palabra compañero. Vale.

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