NADA MUERE CONTRA LOS ARRECIFES DEL ALMA

26 noviembre 2006

MI COTIDIANO SUICIDIO A LAS FLORES

a los poetas con verso a los que tanto les debo

Nada es peor que ser niño que entiende que debe dejar de serlo. Porque pasan los días como quien desenvuelve un regalo encerrado en tantos envoltorios como esperanzas. Yo nací en los tumultos del silencio y cuando miro a mi alrededor y me veo rodeado de libros vuelvo a ese principio que todo hombre anhela y necesita para aliviar su cansancio. Cárceles que nos liberan de nuestra insolencia.
Como todos, tengo la humana sensación de que la vida no me ha correspondido por todo lo que yo le he dado. Supe tarde que mi mano era una cuchara, que la luz tiene una oscuridad sin la cual el amanecer no es posible. Amo también la poesía encerrada en páginas limpias, a las almas que dejaron en ellas sus versos para acompañarme en este viaje sin respuestas. Son mi familia, mi gente, mi cotidiano suicidio a las flores. Por ellas soy libre y soy hoja de otoño en primavera; cuando las calles no entienden sus aceras y los pies del caminante son agua sin molino y son fuego sin hoguera.
Por suerte, todavía no he perdido la esperanza en mí mismo, y espero seguir por la vida como perdurable página en blanco, como ilegible silencio de tumulto.
Sólo al final, cuando ya nada haya que vivir, si entonces no estoy, escribid en ella un epitafio que pueda leerlo en la intimidad de la muerte: donde todos aquellos que amo decidieron ser libros, pulso de librería, rincón de monasterio, sin renunciar a ser latido que alza el vuelo de la vida. Amigos míos, iletrados nuevamente para volver al principio y nunca volver a empezar, gracias por darme la vida, por vuestra palabra enamorada que derrubió mis versos y dejó en mi alma, por siempre, una hermosa página en blanco.

No hay comentarios: