NADA MUERE CONTRA LOS ARRECIFES DEL ALMA

21 noviembre 2006

PROPUESTA

Este pensamiento también se lo envío a Luis García

Propongo que tu libro no sea de consulta, que no haya palabra definida sino sentimiento inasible como el corazón de una nube. Propongo vivir en el vientre de la eterna mudanza, allá por los suburbios de la verdad. Propongo kioscos de silencios en los alrededores de las plazas y libertad para los árboles. Propongo tregua al dolor y un vacío para las miradas; una ciudad de llamas y un amor en el camino. Y todo te lo propongo a ti. Tú que buscas esa estación donde detenerte un día y nacer en la mudanza. Dios es eternamente frágil y tú lo sabes.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

¡Como me gustas!

Anónimo dijo...

Me voy leyendo todo lo que has escrito porque realmente me gustas. Me gusta lo que dices y tu forma de decirlo. Encuentro que tus escritos son cada vez más líricos y tu propuesta final se acerca en gran medida a un viejo deseo mío que descubrí cuando me enamoré: comunicar a través de sentimientos, no de palabras que son tan engañosas, tan proclives a malentendidos, productoras de dudas y de ambigüedades. Esas ambigüedades que hacen tanto daño cuando estás enamorado.
Sin embargo, a veces, las palabras y lo que evocan te hacen viajar y sumergirte en sensaciones del corazón, de la cabeza, del estómago; que nunca hubieras podido sospechar. A veces despiertan ecos que creías incomprendidos.
Por eso me gustas, tus palabras me gustan. ¿Me gustarían los silencios que preceden a esas palabras?
Gracias, sigue.

Paco dijo...

Siempre es el viento sin apellidos el que nos hace sentir la maravillosa sensación de sentirnos desnudos. Atesora en su vientre de nube invisible preguntas que sólo en nuestros cuerpos hallan el sosiego de la imposible respuesta. La palabra es abismo y es cárcel; y yo, labriego de la tierra negada al hombre, busco sin conocer lugares, sin otra memoria que los besos que no besé; ese espacio de silencio donde nacen, como lágrima que vive la libertad de su caída. A su llegada al brazo derrotado sobre la mesa, todo se comprende, no puede ser de otra manera. Sé lágrima, que siempre hay un silencio que espera.

Dedicaría estas palabras a quien las alberga, si supiera su nombre.