NADA MUERE CONTRA LOS ARRECIFES DEL ALMA

13 noviembre 2006

UN CUENTO SOLO PARA NIÑOS

Una niña soñó un día con un mundo de golosinas, un mundo donde pudiera comerse su zapato de color fresa y tumbada sobre las hojas secas, bajo el ramaje de su encina, alargar la mano y tomar un pedazo de nube. Sentados en trenecito, bajo enormes regalices, la abrazaba imaginándonos a los dos rodeados de frutos del bosque rebozados en azúcar, .
- ¡Uy! ¡no! -me dijo-, ¿no deberíamos prohibir que se comieran ciertas cosas?
- ¿Porqué?-fue mi pregunta.
- ¡Hombre! por que si nos lo comemos todo nos quedaremos sin nada.
La niña tenía toda la razón. Pero, ¿qué prohibiríamos?-apunté.

Oíamos el cantar de los pájaros que anuncian el atardecer.

He ido algunas tardes a su lugar secreto, a su encina de seis brazos que brotan de la tierra y nunca he vuelto a escuchar aquel canto como lo oí aquella tarde.

Giró su cabecita recostada en mi pecho y me miró con la triste mirada de Campanilla. ¡Sería un país de prohibiciones! -concluyó alicaída. Se refugió nuevamente en mi pecho y fuimos como un abrazo inagotable. Los dos sentimos en aquel momento, bajo su encina secreta de seis brazos, algo que debía ser lo más parecido a eso que los hombres llaman paraíso.

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