NADA MUERE CONTRA LOS ARRECIFES DEL ALMA

12 diciembre 2006

CARTA DEL MENDIGO


Recuerdo que sonaban las notas de Chopin. Las apretadas hojas de los álamos no me impedían ver el cielo. Allí entendí que debía marchar y, días más tarde, que caminar es siempre ir a ningún lado. De aquellos tiempos me queda solamente estos cuadernos. Ellos son mi vida porque ya no los tengo sino que me viven. En ellos emborrono cada fugaz mirada de un transeúnte cualquiera. Porque hoy los hombres transitan. Habitan en el miedo y transitan por sus afueras. De ahí nacen miles de preguntas que tarde o temprano visitan tu casa, se hospedan en tu mente y viven para siempre en tu alma. Mi vida es la mudanza y nunca nadie me dio una palabra. Las siento amordazarse, devorarse en la voz de la ignonimia sin clemencia de olvido. Pero nadie me da una palabra. Me dejan monedas redondas como amaneceres. Pero nadie me da una palabra. El mundo camina a mis pies, transita de la insensatez a la demencia. Unos ajenos; otros distantes; y todos buscando respuestas.
Recuerdo que sonaban las notas de Chopin. Las apretadas hojas de los álamos cubrían las aguas con el color de su reflejo. Yo también tengo miedo y esa pregunta que tendrá, como todas las preguntas, una respuesta en su momento.
¿Dejará de escribir mi lápiz? ¿Se acabará el carbón de esta leña mal quemada, antes de que termine este cuaderno? ¿Qué apellido le pondré al frío que este invierno viene para matarme?

1 comentario:

Anónimo dijo...

El mendigo camina no sabe a donde, en el lleva el peso del frío, el hambre y la sabiduría que le ha dado el observar a los traseúntes día a día.
Lleva consigo una mochila cargada de experiencias en donde él es protagonista.