NADA MUERE CONTRA LOS ARRECIFES DEL ALMA

24 enero 2007

EL POETA CANSADO ABANDONA LA POESÍA PARA SIEMPRE

Ya no podré por más que consolarme,
que verte marchar, preso de mi pena,
como una tarde fría en la alacena
que mira en silencio caer la tarde.

Yo ya no podré más que, en un alarde
de poeta herido, echar arena
sobre la voz que siempre fue condena,
y dejarte entre rosas y olvidarte.

2 comentarios:

luis garcía dijo...

¡Pero, cómo! Ahora resulta que es el poeta quien abandona la poesía. Yo siempre había creído que, de ocurrir, ocurría a la inversa. Por eso no te creo, tampoco creo que un poeta se canse, ya que un poeta solo descansa del cansancio que produce la búsqueda de lo esencial. Además, tampoco te creo en lo de para siempre. Espero que, como decía el conde de Romanones, te refieras a las próximas 24 horas. de todas formas, si el título encierra tres mentiras, el poema esconde otras tantas verdades. Así que recupera el juicio y completa los dos tercetos que te faltan.

Paco dijo...

.
Querido Luis, cuando terminé el poema pensé por un momento que debía desvelar en los dos tercetos la ingenuidad del poeta, que se cree poseedor de la poesía y sin embargo deja inacabado el soneto, vencido por el poema. Este segundo aspecto, sin embargo, he creído que se torcía gracias a la extraña rima que se establece entre el primer y el último verso. Evidenciando así la propia contradicción del poeta al enfrentarse a su muerte ínsita; o dicho de una manera más profunda: el poeta sabe de la inutilidad del poema como herramienta para construir esa niebla transparente que llamamos poesía. De la misma manera, sabe que, como en la vida, vivirá algún día la muerte del poema. Su miedo es que sea antes. Cómo vivir entonces, so pena que sea la muerte del poema el único poema verdadero , ese que llaman poesía. Y entonces, en ese delirio, donde la palabra es locura porque no huye, no perder la mirada, dársela al cielo que nos contempla; y vivir sentado bajo la escarcha, rodeado de silencio en un libro de sótanos blancos. Y contemplar el tiempo, vencido en los rincones de una humilde casa sin puertas, hasta que vengáis a buscarme.

UN POSIBLE FINAL
Ya no podré por más que consolarme,
que verte marchar, preso de mi pena,
como una tarde fría en la alacena
que mira en silencio caer la tarde.

Yo ya no podré más que, en un alarde
de poeta herido, echar arena
sobre la voz que siempre fue condena,
y dejarte entre rosas y olvidarte.

¿A quién busca mentir este vacío
que se adueña tan sólo en un momento
de todo aquello que pudo ser mío?

Si he de aprender a amar como miento,
he de aprender a ser como un río
que desate su agua al sufrimiento.