NADA MUERE CONTRA LOS ARRECIFES DEL ALMA

12 enero 2007

LA LLUVIA


No puedo mirar atrás. No quiero mirar atrás. Aunque enfrente sienta la última sequía y sienta herido el canto, tan herido. Ya no estás donde te busco y te busco en los momentos del alma. Esta mañana atardece por la lluvia y el verso parece habitar en el ruido del agua contra la tierra, en las dispersas neblinas que motean las montañas y se sostienen como gotas de resina transparente en las finas ramas de los árboles. Feliz en el abatimiento siento el verso correr entre las tejas, por una encrucijada de canalones destartalados. El tiempo en las pequeñas ciudades de las brasas es lento como el viaje de los caracoles. Una niebla de verso invade los muros de la casa. Nos abrazamos. Sabemos que dejará de llover, que se disipará este abrigo de niebla, que el aljibe asegurará una hermosa primavera. La humedad de la hierba, del cielo, de los alambres, sostendrá el canto durante toda la tarde.

2 comentarios:

clara dijo...

Siguen gustándome mucho tus palabras de las que pienso tomar prestado cuanto me ofrezcan para hablar por ellas. Sensaciones y pensamientos universales pasan por tu particular manera de expresión. Los vistes con una tela espesa de metáforas apretadas y yo la uso para cubrirme.

Los cuadernos del mendigo dijo...

Anónima Clara
Si de algo no soy dueño es de la palabra. Ella habita en mí como el misterio y yo en ella ya ni siquiera busco encontrarme algún día. Solo nombran, y en su albergue no hay lugar para mis labios.