NADA MUERE CONTRA LOS ARRECIFES DEL ALMA

21 enero 2007

SIN TITULO APARENTE

A Santiago Auserón,

Uno no sabe porqué extraña razón camina mirando al suelo y sin embargo siempre sueña con ascender en un vuelo de soliloquio, con contemplar el mundo desde los balcones del cielo.
Miramos al suelo sin entender su monótono movimiento y mantenemos el equilibrio sin miedo a la caída inevitable y necesaria para entender el vuelo imaginado. Es como el instante en el que el poeta siente esa palabra sin lenguaje que nunca podrá transmitir sino desde su caída. Por eso da vértigo mirar hacia arriba desde la espalda enorme de los altos edificios y mirar al firmamento abierto abraza con la plácida inmensidad de lo inabarcable.
La luz siempre consigue atravesar las hojas aunque sea dibujándolas en la tierra y la poesía yace en la oscuridad de cada uno de nosotros hasta que la descubrimos, posiblemente más allá de la luz. Donde solo la propia voz se escucha. Nunca es tarde para anunciar la huida. Nada, ni siquiera la palabra sabe caminar por estos bosques. ¿Hemos soñado la vida o hemos vivido un sueño? No hay respuesta y no importa. Caminamos mirando al suelo porque, sin duda, está en el vuelo del soliloquio el inicio y el fin de un hermoso viaje irrenunciable. La vida es una enredadera de tantos vértigos como balcones. Los andamios de silencios atraviesan la espesura del bosque. Dejarse caer te acerca a la belleza.

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