NADA MUERE CONTRA LOS ARRECIFES DEL ALMA

11 abril 2007

LA PALABRA



Como cada noche, el resplandor de la pantalla y una tenue luz de lámpara de flexo.
Sabía que no había soneto alguno entre los libros de las estanterías. Que, aunque se desprendieran como una precipitada lluvia de versos quedarían desparramados sobre la mesa.
El humo de un cigarro nubla el lomo de un diccionario solitario pero no el llanto. Lo abrí sin letra alguna de abecedario en el pensamiento y allí, donde siempre sucede lo inesperado, esperaba mi mirada. La llevé hasta un tren de madrugada que le dio la vida después de tantos años sin decir nada.
Hoy es una más en mis emborronadas cuartillas de cuartetos inacabados, en las olvidadas notas en la pantalla, en mis cartas de amor y en mis noches calladas.

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