NADA MUERE CONTRA LOS ARRECIFES DEL ALMA

03 mayo 2007

EL TEATRO



El teatro debe ser como el sueño. Realidad aparente pero apariencia al fin y al cabo. El sueño, como la vida, no parece alejarse de la escena más que un instante de locura. ¿No es acaso locura la vida?

La prisa es enemiga del arte. Hay que habitar cada rincón del hecho creativo. Vivir su esplendoroso naufragio y zurcir apariencias con hilo de embriaguez para acabar sentado en cualquier ático con los pies colgando. Una vez me preguntaron acerca del poema bien hecho. Quita una sola palabra del mismo y si no se desmorona es que no es poema. Bien es cierto que en casi todos los casos uno llega inevitablemente al silencio. Un silencio que por no romperse besa. ¿Hay acaso besos irreales?

El escenario es papel en blanco que no llega a ser silencio, porque el silencio tiene pulso, latido de horas muertas, vida sin andamio. El poeta y el hombre no parecen ser uno mismo, como el sueño y la vida, como molino y gigante; pero son gigante y son molino y son sueño y son vida. Romper las lindes del escenario, hacer naufragar al público en la apariencia es vuelo del vuelo, representación de una representación sabida. Yo no soy cómico de tu obra, como no soy piedra de tu poema. O soy obra o soy poema, o soy hombre que agita sus aspas en el sueño. Si he de ser latido de tu escena prefiero mi latido, mi apariencia. Cuando el público siente que el actor actúa el teatro es una farsa y no es así la vida porque no es así el sueño. El teatro que imita al sueño se aleja de la vida. El hombre vive su sueño y solo le place no entenderlo, vivirlo, porque no es otra cosa que la vida. El cómico, como el arte, nació para ser viento, para agitar las aspas que alimentan un latido que sobrevivirá a través del tiempo.

No hay comentarios: