NADA MUERE CONTRA LOS ARRECIFES DEL ALMA

18 mayo 2007

LA VOZ AJENA


LA VOZ AJENA
Antesala
Las palabras no se las lleva el viento, quedan en el alma. El viento es un suspiro que arrastra las dunas hacia todos los rincones del mundo. El mundo es un reloj de arena donde los que se aman conocen el interminable viaje del viento, un viaje que no termina en el mar porque empieza en ninguna parte. Entre tanto, un hombre sufre y piensa, escribe cuando llueve, y ama. Sólo la palabra sabe de su soledad, y ni siquiera la palabra.
Atardece en las calles pero hay sol
en los áticos, agua transparente
en las fuentes y voces de humedad
en los muros antiguos de esta fría
catedral aburrida en su silencio.
¡Si todo fuera tan sencillo como
subir peldaños hasta alcanzar
la cima! Algo me dice que será
mejor dejar pasar las horas,
dormir el arrebato, la pasión,
y andar por los mosaicos hasta donde
el mar quiebra la acera; conversando,
ignorando la sal de las gaviotas
muertas, atropelladas en la untuosa
grasa de las persianas levantadas.
Lejos está lloviendo y el viento
silba y arrastra las dunas -los que se aman
saben que lo que digo es cierto-.
Cuando los rayos últimos del sol
se envuelven en papel
de periódicos ya leídos,
se enciende la ciudad, las catedrales,
y en el agua del mar, la luz
que ni los altos áticos conocen.

1 comentario:

peregrina dijo...

Yo buscaba un poema sobre mendigos en el google y apareciste tú con tu riqueza.
gracias.