NADA MUERE CONTRA LOS ARRECIFES DEL ALMA

28 mayo 2007

LAS MANOS


El mendigo se mira una mano y no sabe qué ve. Pero siente caricias como ausencias de invierno. La hoja de un árbol viejo aferrado a la vida, con sus ríos, sus desiertos, sus cantos a medianoche y el ruido de las grúas del muelle. El mendigo sabe de sus manos por el frío cristal de una botella en invierno, por la duda. Tiene la palabra como rayos para las tormentas sin cielo, y evita cerrar los ojos porque sabe que la mirada es el tiempo. Dejará inacabado, como cada noche, ese poema con las primeras letras de su nombre. Hace tiempo que nadie le devuelve sus labios.

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