NADA MUERE CONTRA LOS ARRECIFES DEL ALMA

16 julio 2007

RECUERDOS


De cuando no era mendigo, recuerdo la tarde en que te fuiste pero no el último beso. A veces te siento entre los pasos de los que transitan la ciudad. Los hombres no saben que mueren la ciudad, pero sí que los sueños son imprescindibles. Por eso vuelvo cada día a sus calles. Porque hay miradas con sueños. Porque los mendigos no tienen. Apenas si recuerdan. Andan por el mundo con en lo puesto todo. Y envejecen como los lagos. Mueren como los atardeceres. Y viven eternamente como el misterio de los dragones.

2 comentarios:

inter dijo...

El mendigo se balancea entre dos, tres, cuatro, quizás cinco, puntas de cometa e, inquieto, se pregunta si podrá volver a la silla donde escribe. Tic tac, tic tac. Espera atento. Espera y mientras tanto nos regala trozos de realidad, un nombre en los labios y tanta claridad de luna que hiere a los ojos.

Sirena dijo...

Todos nos sentimos mendigos de vez en cuando. Precioso texto, amigo. Siempre es un placer.