NADA MUERE CONTRA LOS ARRECIFES DEL ALMA

30 enero 2008

CUADERNO DE MENDIGO


Me adentro en la noche, hace rato que las flores duermen. Los bares se llenan de calles, y un taxi deja en la esquina de correos un pasajero. No sabe a donde llega pero anda hacia las entrañas del barrio viejo. Un aliento de fina voz de navaja salpica de sombras las persianas garabateadas de los comercios. Cada paso parece apagar una ventana de las fachadas, y una estrella, entre las cornisas de los áticos. Le reconocí en cuanto le vi apareciendo tras la misma esquina en que nos despedimos. Besarnos era volver.

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