NADA MUERE CONTRA LOS ARRECIFES DEL ALMA

25 marzo 2008

PAÍS

Tu país tampoco tiene los adoquines de colores, ni siquiera nacen flores en las aceras. Y el agua, cuando es cortina de llanto, en tu país caen danzas de jóvenes plumas y un silencio blanco que nos calienta junto al fuego de tu casa. En tu país nadie empuja a los árboles sino el viento y derrama el invierno, frío de agua fría por las calles. Hay lugares en tu país donde habita la presencia del mendigo. Ayer lo sentí, como ahora siento que creo tocarte. En las maderas talladas, remontadas sobre piedras en las puertas de sus casas. En miradas de cincel escarpando los tejados que abrigan a una plaza. Estaba el mendigo en las miradas de la gente, en los cestos de mimbre, en los zurcidos del viento en las ventanas.

A mi vuelta, desde el aire, pude ver tanto mar en las montañas de tu país que quise entender que el secreto que todos buscamos, está en las nubes, como en el aire que cincela los acantilados. Si tengo miedo a la muerte es por no volver al país donde nunca me hubiera quedado. Volver, en realidad, uno nunca vuelve a su casa. Es tan imposible como volver a ser el mismo después de haberte imaginado. Yo no puedo cambiar el mundo. Habrá siempre una sangre que tiña el granito y una flor que nacida de la asfixia logre zafarse, en la acera, de una pisada.

2 comentarios:

DKaW_ dijo...

Me encanta, como todo lo que escribes, simplemente

David dijo...

Emocionante, muy bueno.

David.