NADA MUERE CONTRA LOS ARRECIFES DEL ALMA

14 abril 2008

EN EL UMBRAL DE LA LUZ

Tras la penumbra el vértigo del humo,
la misma ausencia libre que hace noche
tras la cortina cálida de una bombilla;
como esa sensación de haber vivido
en otro tiempo instantes parecidos,
la misma voz callada y tan profunda,
detenida en el pulso de un pulso detenido.

Apenas a unos metros de la puerta,
tan lejos del abrigo de la casa,
inmerso en el pañuelo de la calma,
bajo el peso insalvable de la luz
dispersa como a golpes de siembra.
Y el leve movimiento del aire,
aterido entre vértebras de silencio,
como aliento de estancia vacía,
dulce temor al hombre que suspira a mi lado.

Acecha todo aquello que tuve y lo que soy,
como un miedo al olvido inevitable,
a sentir que pasaron muchos años
sin saber de este abismo inhabitado.
Umbral de sombra y luz donde me hallo,
qué soledad me hurtaron las ciudades,
la claridad del día.
Mi lágrima es la dicha,
y la ciega quietud de mis manos,
dejan en las piedras del camino
escarcha de las horas perdidas.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

He leído tantas veces este precioso relato. Pero hasta ahora no he podo reflejar en palabras lo que transmite.
Supongo, que hay cosas que no se pueden explicar.

Anónimo dijo...

He leído tantas veces este precioso relato. Pero hasta ahora no he podo reflejar en palabras lo que transmite.
Supongo, que hay cosas que no se pueden explicar.