NADA MUERE CONTRA LOS ARRECIFES DEL ALMA

06 abril 2008

LA SILLA DE ANEA


De las horas, sin tiempo de las horas,

tú me entiendes cuando hablo de la vida,
cuando abandono y siento
que ya ni un verso puede devolverme
una oculta raíz
para seguir creciendo en las mareas.
Rodeados de invierno,
ni siquiera la lumbre nos calienta,
y trae soledad y destierro,
cada nombre y su gesto
de eternidad herido
como las ramas rotas de la encina.
Tú me entiendes si digo que no puedo,
si en esta oscuridad,
que es de noche y silencios,
trato de rescatar alientos,
logro acercarme al cielo
y dejar en tus manos el latido,
una chispa o estrella,
que alumbre y no contemple.

Y en los tristes mosaicos de la tarde,
sin cerrar los ojos,
conciliar el sueño.

2 comentarios:

big_marley dijo...

muy intenso, sin duda. me gusta cada vez más leerte. nunca pares.

Jenni dijo...

Buen poema... tu verso salta con la fluidez de las buenas letras, con una sinceridad latente y una intensidad tremenda.

Un saludooo