NADA MUERE CONTRA LOS ARRECIFES DEL ALMA

28 mayo 2008

DIÁLOGOS

Tú, Sancho,escudero del alma, escúchame cuando te hablo. O sois tal vez espejo que hiere la condición del hombre al verse retratado sobre un asno, caminando por los campos de la huída, sorteando luminosidades de estrella, y en silencio callado; cuando la tarde, roja de vino cae, escribís cantos de amor en vuestra alacena, tan soñados como esta realidad que nos contempla.
Tú, Sancho, del alma el escudero, mírame cuando me callo. Enderás que no hay novela, que no hay palabra, ni engaño en las alforjas tuyas de mi llanto. Que aunque voy encima de un caballo, todo es mundo y es mundo raro.

Señor, mi señor, que tanto bien me prometisteis, por qué me tratáis así, no entendéis que soy piedra que sufre, arrastrada como ovillo de zarzas; que soy tan de libro como vos de palabra, que sin mí vuestro poema muriera sin locura.

Mi señor don Quijote lo supe todo desde el principio. Fue fácil por la su grandeza de caballero dejar la mujer e hijos para un día volver mariscal del viaje, gobernador de la voz de su amo.

Sancho lloró tu muerte. Sólo Sancho
supo llorar como sólo lloran los siglos
los libros en la hoguera de los patios.
Solo Sancho lloró su muerte en la tuya,
nunca más se alejó de aquellas tierras,
y nunca más volvió a la Mancha.

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