NADA MUERE CONTRA LOS ARRECIFES DEL ALMA

09 junio 2008

AL FIN, EL SOLILOQUIO

Estoy solo, tan sólo sé que estoy
solo, a la memoria encadenado,
a vivir, a sentir pasar el tiempo
y envejecer, y lejos, contemplar,
abrazado a mis pies, tantos desiertos,
tanta arena por ser, tanto recuerdo.
Ya se esconde detrás del edificio
la luna en esta noche iluminada,
y es noche de saberse desvestido,
de no esperar el día, y en su grieta
de soledad oscura eternamente vivir
cada segundo. Y viajo con la palabra
hasta allí donde nace cada beso,
más allá se derrumban las montañas,
se agitan los océanos, se calman
y salpican su escarcha en las ciudades,
robín en las fachadas y en los labios
un tembloroso anhelo enamorado.
Sin mí he vivido todos estos años,
ahora me doy cuenta, quizá tarde,
tarde para vaciar cada palabra
que me hizo sentir pleno de deseo
al contemplar la luna en su camino.
No quiero albergar huéspedes de yeso,
quiero una casa yerma, derruida,
y siento por momentos, entre extraños,
que hay una libertad que me reclama
detenida en la puerta de la ausencia,
donde de nada sirve el soliloquio
porque de nada sirve la palabra.

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