NADA MUERE CONTRA LOS ARRECIFES DEL ALMA

21 octubre 2008

A MI HIJA


Cuando crezcas verás, cristal de las aguas,
que no era el mar el único destino,
sino el andar azul del peregrino
por la invisible piel de las estatuas.

Todo te lleva a ti, a tu tormenta,
al oscuro temblor de un precipicio,
donde asoma la vida en su principio
porque habita la muerte en cada afrenta.

Tú serás para siempre como el grito
mudo de una mirada, como aliento
que levanta su voz al infinito.

Y entenderás entonces mi lamento,
¡cuánto siento en el alma no haber escrito
versos de agua que burlasen al viento!

1 comentario:

Anónimo dijo...

Precioso, no más.
Espero tus palabras.

guillem