NADA MUERE CONTRA LOS ARRECIFES DEL ALMA

26 junio 2009

de LA VOZ AJENA

Atardece en las calles pero hay sol
en los áticos, agua transparente
en las fuentes y voces de humedad
en los muros antiguos de esta fría
catedral aburrida en su silencio.
¡Si todo fuera tan sencillo como
subir peldaños hasta conquistar
la cima! Algo me dice que será
mejor dejar pasar las horas,
dormir el arrebato, la pasión,
y andar por los mosaicos hasta donde
el mar quiebra la acera; conversando,
ignorando la sal de las gaviotas
muertas, atropelladas en la untuosa
grasa de las persianas levantadas.
Lejos está lloviendo y el viento
silba y arrastra las dunas -los que se aman
saben que lo que digo es cierto-.
Cuando los rayos últimos del sol
se envuelven en papel
de periódicos ya leídos,
se enciende la ciudad, las catedrales,
y en el agua del mar, la luz
que ni los altos áticos conocen.

2 comentarios:

julia dijo...

Me gusta ser de los que se aman. Un beso.

El Pobrecito Hablador del Siglo XXI dijo...

¡¡te echamos de menos!! ¿Estás bien? ¿hay por ahí algun poema?