NADA MUERE CONTRA LOS ARRECIFES DEL ALMA

21 enero 2010

SOLO UN JUEGO

De cuando os hablo,
el viento no venía del norte
sino del frío. Era temprano
cuando anochecía. Y en el aire,
abandonaban las hojas del árbol
pequeños instantes del otoño.
El atardecer dejaba estambres de acuarela
entre las ramas negras de la encina;
y a refugio de mi escondite,
arropado de mimbreras amarillas,
sentiría el rastrear de unos pasos,
en un cerco para siempre incierto.

(No salgáis a la luz
por no ser descubiertos.
Hallad en respirar
la canción del sosiego,
el hogar para siempre,
la atalaya del sueño.
No salgáis a la luz,
ni en las noches de luna,
ni en las oscuras noches,
por no ser descubiertos.)


Pronto contamos los años por inviernos
y aguardamos la eterna primavera
callados en un juego solitario.
No anochece la vida en los campos
que buscan voz para sus aguas.
Claridades respiran las sequías
que en su día mueren amando.
Tú que andas por los claros del bosque
por si acaso me oculto entre la niebla,
no me culpes de inventar amores
para hacer más plácida la espera.

5 comentarios:

Eastriver dijo...

Paco, siempre te detienes y nos detienes ante un espacio mítico, no sé si muy real o no. Estas cosas siempre acaban dependiendo de la inteligencia ordenadora. Y mitificadora. Como si hubieras estado en Comala y vinieses para contárnoslo. ¿Dónde está tu Comala? Me gusta visitarla, nos gusta cada vez a más.

Is@Hz dijo...

Para mí muy enigmático, pero me sigue gustando muchísimo. Hasta pronto.

Isabel Martínez dijo...

Sin salir a la luz, que me deslumbra, admiro el fogonazo de este poema.
Realmente precioso.
Me encantó.

Ms. Frutos dijo...

Querido Paco, en tus poemas todo cobra vida y nosotros, tus lectores, los escuchamos y también los contemplamos, porque tus poemas se pueden ver, oír, palpar y sobre todo sentir. Vemos la grieta en la puerta, soportamos los inviernos, nos escondemos, nos dejamos acariciar por el viento, somos lluvia, somos silencio. Por eso cada semana nos convocamos aquí, como si de una ceremonia se tratara.
Un abrazo

El Pobrecito Hablador del Siglo XXI dijo...

Con luz de tus versos es inútil esconderse. Ni siquiera tu puedes hacerlo. Te desevelas, te revelas. Aunque en la opacidad de tus nieblas, al calor de tu escondite, es difícil pensar que hay un lugar mejor en donde esperar a que de vuelva vuelva la primavera. Siempre vuelve. Digamos que a la oscuridad le sigue, siempre, la luz; al frío la calidez; al gris el color; a la muerte la vida y al miedo otra vez el amor
¡salud Paco!