NADA MUERE CONTRA LOS ARRECIFES DEL ALMA

07 junio 2011

NUEVO SIGLO

Este poema se dobla como un cartón de tierra. Tiene su horizonte y su árbol en sombra, casi como un atardecer desde la casa. Tiene un segundo de canciones y un reloj de miedo a la vida. Hace tantas noches que no vienes que sigo a la gaviota que huye y sobrevolaba los mástiles de los veleros amarrados al muelle, a principios del siglo pasado; hoy parecen buscar el mar tierra adentro, en los pies del mendigo. Hace demasiadas noches que no vienes. Una sola copa, aburrida sobre la mesa de la taberna donde un día Zobel buscó luz para su faro. Suena Bebo Valdés como un ronco piano al atardecer, cuando se encienden los faroles viejos del carrer de la Palla. Afuera hace frío de cristal entelado. No tengo poema para acompañaros en esta noche, me ha vencido la calle desierta, de madrugada. Me han vencido los ojos de una paloma arrebujada en sus plumas, como dos alfileres negros en la escarcha de un portal de piedra, de otro siglo, creo.

2 comentarios:

Isabel Martínez Barquero dijo...

Hoy me has sorprendido con esta prosa poética, con este retrato de una noche fría.
Muy conseguido, querido Paco. Transmite sensaciones casi táctiles y genera imágenes de soledad que añora.
Un fortísimo abrazo, querido amigo.

J. Gelas dijo...

No lo leí con la cabeza, sino con el estómago. Y te comprendí mejor que nunca.

Un abrazo