NADA MUERE CONTRA LOS ARRECIFES DEL ALMA

12 julio 2011

Una torva, un reloj de soledades,
como rueca que ovilla los fríos de la espera,
me deja en la sombra de una luna de día
y se lleva la luz de mi escalera.

Nadie por las calles,
como si el suelo coronara en universo
adoquines de melancolía y un reflejo
del agua en que ha llovido la tarde.

4 comentarios:

Ana Rodríguez Fischer dijo...

Adoquines de melancolía....
¿Cómo logras condensar tanto en tan poco?
Porque resulta que lo que nos atrae de losa adoquines es eso... sólo que no lo formuábamos así.
Lento (o corto) verano, lleno de incógnitas, Paco.

Isabel Martínez Barquero dijo...

Leo la soledad en estos versos, las calles vacías, el destierro cruel de la espera.
Hermosísimo, querido Paco. Tocada y hundida.

Is@Hz dijo...

Pellizquitos bien pegaditos que arrancan trozos de alma a golpe de pluma desesperada. Un beso fuerte, Paco.

El Pobrecito Hablador del Siglo XXI dijo...

Suena a utopía. Me gustaría vivir en el mundo de los cuatro últimos versos