Para no volver, para cegar los ojos
de un atardecer en las cumbres
donde la luz entorna el canto.
Para salir de casa en la mañana
que espera claridad y en el encierro
de los pasos envejecer de lluvias.
Para llorar por muertes y por vidas,
por las horas yermas en los atrios
solitarios de asiento sin amigos.
Para no volver a la casa herida,
a un cuenco de sequía en la alacena
donde guardan los hombres su tristeza.
Para zurcir palabras de este llanto
que viene a visitarme sin esquela
y trae los pies vendados de caminos.
Para no volver he nacido humano,
han resuelto mi destino las estrellas,
y he vivido tanto amor a tu lado.
4 comentarios:
Y yo confío en haber hecho las cosas más o menos para no volver.
Un abrazo muy grande, de esos que son indelebles al paso del tiempo.
Anabel
Envejecer de lluvias es bellísimo. Y también la imagen de los pies vendados. Hay una gran fuerza (no sé si blasdeoteriana. Estupidez mía, pero me han venido impulsos y ganas de releerlo9. Besos!
Querida Anabel, qué alegría.
Un beso
Paco
Ana, qué bien que las palabras nos remitan a palabras, si esa fuerza viene de Blas de Otero, qué mejor. ¡Un beso!
Paco
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